MI ESPOSA A PROSTITUTA DE LUJO por Peter the king.

 

Mi esposa a prostituta de lujo.

La Esposa Infiel

Me llamo Camilo, tengo 26 años, soy alto y delgado. Hace apenas  8 meses me casé con Laura, una rubia espectacular de 23 años. Es alta, delgada pero con curvas que vuelven loco a cualquiera: tetas firmes y grandes, cintura estrecha y un culo redondo, respingón y perfecto que se mueve de forma hipnótica al caminar. Su rostro es angelical, de esos que parecen sacados de una revista de moda: ojos azules grandes, labios carnosos y piel blanca impecable. Cuando la conocí supe que era la mujer de mi sueño … pero la vida nos estaba golpeando duro económicamente.

Perdí mi trabajo a los meses después de haberme casado y vivíamos de los ahorros  que teníamos

Habíamos pedido un préstamo para el departamento y las cuotas se acumulaban por atraso de no pago.

Yo recién empezaba un nuevo trabajo y lo que ganaba no era lo que ganaba en mi anterior trabajo apenas alcanzaba para pagar lo básico. Laura había sido modelo, pero dejó esa vida cuando nos comprometimos.

Estábamos en una situación desesperada.  

Una tarde llegó Lorena, su amiga de la universidad, vestida como una diosa: tacones altos, vestido ajustado que marcaba sus curvas y un escote que no dejaba nada a la imaginación.

¿En qué estás trabajando ahora? —le preguntó Laura con  curiosidad mientras tomaban café en la sala.

Lorena sonrió con picardía.

—Soy escort de lujo en una agencia.

Laura frunció el ceño.

—¿Escort? Que  es  eso, No entiendo…

—Ay, mujer… somos putas de alta gama —dijo Lorena sin rodeos—. Chicas que acompañamos a hombres ricos, cenamos con ellos, salimos y… terminamos follando en algún hotel o donde sea. Ganamos muy bien.

Laura se sonrojó.

—Dios mío yo no podría hacer eso … Fui criada con buenas costumbres y valores.

—Al diablo las buenas costumbres —respondió Lorena riendo—. Mira cómo vivo: auto nuevo, departamento pagado, ropa cara, ahorros. Todo por follar con tipos adinerados unas cuantas noches al mes. Tú deberías pensarlo. Con esa cara de ángel y ese cuerpo… ganarías el doble que nosotras.

Lorena se acercó un poco más y bajó la voz:

—Tus pechos no son enormes, pero son perfectos, firmes, y esos pezones que se te marcan siempre hacia arriba… eso vuelve locos a los hombres. Y ese culo… redondo, alto, respingón. Los tipos pagarían fortunas por agarrarte esas nalgas mientras te follan.

Laura se quedó callada y sonrojada, visiblemente incómoda pero también intrigada.

Esa noche, después de que Lorena se fue, me lo contó todo. Yo me quedé en silencio un buen rato, procesando.

—¿Y si yo me animara a trabajar en eso que dirías tu amor? —preguntó ella finalmente, con la voz temblorosa.

La miré. Mi hermosa esposa, mi ángel. La idea de que otro hombre la tocara me generaba rabia… pero también una extraña excitación que no quería admitir.

—Si tú aceptas… yo no te detendré —respondí—. Es solo trabajo, ¿no?

Laura asintió lentamente.

Después de cenar laura estaba muy callada y pensativa, ya en la  cama  me dijo;

Sabes cariño como tu dices, es sólo un trabajo como cualquiera !, lo voy aceptar además  seria un buen  dinero  que no tenemos

Si amor  todo ingreso sirve en estos momentos

— Okay  está decidido,  mañana llamaré a Lorena.

Al día siguiente Laura se comunicó con su amiga su decisión,  lo cual esta se alegró por el paso que daba diciéndole que no se iba arrepentir es más lo iba a disfrutar muchísimo.

Lorena  le pidió algunas fotos  en traje de baños  o en lencerías fina,  Laura  no tenía así que yo ayude a sacarle algunas  fotos,   en el dormitorio  con algunos trajes de baños y la lencería sexy esa que se ponía y que me enloquecía antes de follar , después  se las envíos,  esa misma tarde la llamó un tipo  representante de la agencia  le preguntó algunos datos personales el Gmail  y en número de una cuenta  y luego  la inscribieron  en la agencia haciéndole un perfil  con sus fotos con el seudónimo  de "LAURA LOVE".

Vi la publicación en la página  web y debo decir que Laura  se veía espectacular se notaba que les habían echo algunos  retoques a las fotos  originales pero  ella era una bomba  de sensualidad.

Dos días después ya tenía su primera cita. La agencia le consiguió un cliente de 48 años, empresario exitoso, muy generoso. Le pagarían 3500 dólares por la noche completa.

Lorena vino  ayudar a su amiga a cambiar  su look , la llevó de compras,   compraron  ropa muy sexy y lencerías  finas trasparente y luego la llevo a un  spat La prepararon: masaje completo, depilación vaginal y anal , se arregló las uñas lo cual quedaron perfectas, cuando llegó  al departamento  se  duchó  y se perfumo por todo sy cuerpo  especialmente  en sus zonas  íntimas luego se vistió con un vestido negro corto y ajustado que apenas le cubría el culo, una tanga negra trasparente diminuta y tacones altos. Cuando se miró al espejo antes de salir, se veía increíblemente sexy. Me dio un beso en los labios.

—Te amo, Camilo. Esto es solo por nosotros.

Esa noche llegué a casa tarde del trabajo y me quedé despierto, imaginando todo. Mi verga estaba dura sin tocarla.

La primera noche de Laura como puta

El cliente se llamaba Ricardo. La recogió en un auto de lujo y la llevó a cenar a un restaurante exclusivo. Laura estaba nerviosa, pero Ricardo era educado y directo. Después de la cena la llevó a una suite en un hotel cinco estrellas.

En cuanto cerraron la puerta, Ricardo la empujó contra la pared y la besó con hambre. Sus manos grandes bajaron directo a ese culo que tanto había elogiado Lorena. Lo apretó con fuerza, separando las nalgas por encima del vestido.

—Joder, qué culo más rico tienes… —gruñó.

Le bajó el vestido de un tirón. Los pechos de Laura quedaron al aire, pezones rosados y duros apuntando hacia arriba. Ricardo los chupó con avidez, mordisqueando mientras metía una mano dentro de su tanga. Laura gimió cuando dos dedos gruesos entraron en su coño ya mojado.

La tiró sobre la cama, le abrió las piernas y le arrancó la tanga. Se arrodilló y le comió el coño como un animal: lengua gruesa lamiendo su clítoris, chupando sus labios hinchados, metiendo la lengua dentro. Laura no pudo evitar arquear la espalda y gemir fuerte.

—¡Ahh! ¡Sí… así!,  diooooos que boca tienes  siiiiiii,  sigue, sigue le decía  Laura excitadicima

Ricardo se desnudó. Tenía una verga gruesa, venosa y bastante grande. La puso de cuatro sobre la cama, ese culo perfecto levantado hacia él. Escupió sobre su polla y la metió de un solo empujón hasta el fondo.

Laura soltó un grito ahogado. La estaba estirando. Ricardo empezó a follarla con fuerza, sus huevos golpeando contra el clítoris de ella, sus manos agarrando esas caderas mientras le daba nalgadas fuertes que dejaban marcas rojas en su piel blanca.

—¡Qué puta más rica eres! Ese culo se mueve delicioso…

Dios,  que ricoooo  me lo haces me encantaaa, ayyy   sigue, sigue aghhhhhh.

La folló duro en esa posición, luego la puso de lado, levantándole una pierna y penetrándola profundo. Laura se corrió por primera vez, temblando, su coño apretando la verga gruesa del cliente.

Ricardo la puso de rodillas y le folló la boca, agarrándola del pelo, metiéndosela hasta la garganta. Laura babeaba, los ojos llorosos, pero excitada como nunca. Finalmente la tiró boca arriba, le abrió las piernas al máximo y la embistió salvajemente hasta que se corrió dentro de ella, llenándole el coño de semen caliente.

Esa noche la folló tres veces más: una en la ducha, otra mientras la tenía contra el ventanal del piso 25 exhibiéndola a la ciudad, y la última lenta y profunda antes de dormir.

Cuando Laura regresó a casa a la mañana siguiente, traía el dinero en efectivo y el coño hinchado y adolorido. Me miró con vergüenza y excitación al mismo tiempo.

—¿Quieres que te cuente todo, amor?

Me acerqué, le levanté el vestido y metí dos dedos en su coño todavía lleno del semen de otro hombre. Estaba resbaladizo, caliente.

—Cuéntamelo todo… mientras te follo.

Y así empezó nuestra nueva vida.

Laura se convirtió en una escort de lujo muy solicitada. Su rostro angelical y ese cuerpo de infarto hacían que los clientes pagaran fortunas por ella. A veces llegaba a casa con el cuerpo marcado de chupones, el culo rojo de nalgadas y el coño o el culo lleno de semen de desconocidos.

Y yo… yo me excitaba como nunca imaginó que me excitaría ver a mi hermosa esposa convertida en una puta cara.

Continuación - La segunda noche

Al día siguiente de su primera experiencia, la agencia contactó rápidamente a Laura. Esta vez era un cliente VIP: un empresario nigeriano llamado Okon, de 52 años, que estaba de paso por la ciudad en un hotel de lujo a las afueras. Pagaba 5000 dólares por la noche completa. Laura se preparó con esmero: vestido rojo muy corto y escotado que apenas contenía sus tetas, tanga negra, liguero y tacones de aguja. Se maquilló como una puta cara: labios rojos intensos y sombra oscura que resaltaba su rostro angelical.

Me dio un beso largo antes de salir.

—Esta noche va a ser más duro, amor… pero es por nosotros.

Okon era un hombre enorme, alto, negro como el carbón y muy corpulento. En cuanto Laura entró a la suite, él la miró con deseo animal. No perdió tiempo. La levantó como si fuera una muñeca, le arrancó el vestido y la tiró sobre la cama king size.

—Joder… qué blanca y bonita eres —gruñó con su acento fuerte.

Su polla era un monstruo. Cuando se bajó los pantalones, Laura se quedó helada. Medía fácilmente 30 centímetros, gruesa como su muñeca, venosa, con una cabeza grande y oscura que brillaba. Laura apenas pudo rodearla con una mano.

Okon la puso de rodillas y le folló la boca sin piedad. Empujaba hasta el fondo de su garganta, haciendo que Laura se ahogara, babeara y llorara rímel negro por las mejillas. Luego la colocó en cuatro y, sin mucho preámbulo, escupió sobre su coño y empujó.

Laura gritó fuerte cuando esa verga descomunal le abrió el coño. Solo entraron los primeros 20 cm y ya se sentía llena hasta el límite. Okon la agarró del pelo rubio y siguió empujando, abriéndola brutalmente.

—¡Ahhh! ¡Es demasiado grande! ¡Me estás rompiendo! —gritaba Laura.

Ayyy dios! ,  que grande la tienes  cabrón, me llenas toda,  siiiiiii,   ricoooo.

Follameee, follame,  duro !!!.

Pero Okon no se detuvo. La folló como una bestia durante casi una hora en diferentes posiciones: de cuatro, de lado, misionero con las piernas de ella sobre sus hombros. Cada embestida hacía que el vientre de Laura se abultara visiblemente por el tamaño de esa polla. Se corrió dos veces dentro de ella, llenándole el útero de semen espeso y blanco que contrastaba con su piel clara.

Después le pidió el culo.

Laura suplicó, pero Okon la penetró igual. Su ano virgen (casi) se abrió dolorosamente alrededor de esa monstruosidad. La folló anal con fuerza, nalgadas fuertes y profundas estocadas hasta que también se corrió dentro de su recto.

Cuando Laura regresó a casa a la mañana siguiente, caminaba con las piernas abiertas, apenas podía moverse. Su coño y su ano estaban hinchados, rojos y adoloridos. Traía chupones en las tetas y marcas de dedos en las caderas.

Se dejó caer en el sofá con cuidado y gimió de dolor.

—No puedo ni sentarme, Camilo… Ese nigeriano tenía una polla horrible… me destrozó los dos agujeros.

Continuación - La primera vez con Don Pedro

Habían pasado ya casi una semana desde que Laura empezó a trabajar como escort. Yo vivía en una mezcla constante de celos, excitación y preocupación. Ella salía casi todas las noches, regresaba con el cuerpo usado, el coño hinchado y el dinero que tanto necesitábamos.

Don Pedro ya vivía en el departamento de al lado desde que nos mudamos. Era un hombre de unos 60 años con un rostro serio de pocos amigos, alto, de espalda ancha, brazos fuertes y todavía en muy buena forma para su edad. Laura siempre me decía que era un viejo pervertido y mirón. Lo había pillado varias veces mirándole el culo cuando ella bajaba las escaleras en faldas cortas o cuando salía en shorts o leggins. “Ese viejo me da asco”, 'es un pervertido  de mierda  de seguro tiene que haberme visto los calzones  cuando bajaba las escaleras "me lo repetía siempre.

Esa tarde llegó la llamada de la agencia. Un cliente VIP en un hotel a las afueras de la ciudad, habitación 1208. Pagaban muy bien: 4500 dólares. Laura se arregló con esmero. Se puso un mini vestido rojo brillante, tan corto que apenas le tapaba la mitad del culo.

Debajo solo una tanguita roja microscópica de hilo que se le perdía entre las nalgas. Sin sujetador, sus tetas firmes y sus pezones puntiagudos se marcaban perfectamente contra la tela. Tacones negros de aguja y maquillaje provocador: labios rojos y ojos ahumados. Se veía como una puta cara y deliciosa.

Me dio un beso rápido y se fue.

Laura llegó al hotel, tocó la puerta de la habitación 1208 y dijo con voz sensual:

—Buenas noches… El servicio ya esta aquí dijo con una sonrisa.

La puerta se abrió sola ella entró. El cliente estaba de espaldas, mirando por la ventana. Cuando se giró lentamente, Laura sintió que se le iba el color del rostro.

Era Don Pedro.

El viejo vecino la miró de arriba abajo con una sonrisa triunfante y perversa.

—Vaya, vaya… pero qué putita más hermosa tenemos aquí —dijo con voz ronca—. La esposa angelical del pendejo de Camilo, resulta que es una zorra de lujo. Quién lo diría la muy santa ahi en el edificio.

Laura quiso retroceder, pero Don Pedro fue más rápido y la agarró firmemente del brazo y la metió dentro, cerrando la puerta.

—Acércate, puta. No finjas sorpresa. Llevo semanas viéndote salir muy arreglada. Sabía que eras una cualquiera.

Y sierta noche mientras revisaba porno te vi en esa página  de putas   caras,   llevándome una grata sorpresa, la dulce vecinita  trabajando  de puta!!!.

Laura temblaba, pero sabía que si se iba perdería el dinero y él podría contármelo todo.

—Don Pedro… por favor… —suplicó bajito.

—Cállate mierda!!, y obedece ya que te estoy pagando. Quítame toda la ropa, Ahora!!.

Laura se acercó con las manos temblorosas y empezó a desnudarlo. Le quitó la camisa, revelando un pecho ancho y peludo. Luego le bajó los pantalones. Cuando le quitó los calzoncillos, la polla del viejo saltó libre.

Laura dio un paso atrás, aterrorizada.

—Oh Dios mío… —susurró.

Era una monstruosidad. Una polla de casi 40 centímetros, extremadamente gruesa, cubierta de venas gruesas y con una cabeza grande y morada. Colgaba pesada y semierecta, balanceándose.

Don Pedro se rio.

—¿Sorprendida, princesita? Ven aquí y mámamela con esa boquita de puta cara que tienes.

La agarró del pelo rubio y la empujó de rodillas. Laura apenas podía abrir la boca lo suficiente. El viejo le metió los primeros 15 centímetros, follándole la garganta sin piedad. Laura babéaba, se ahogaba, lágrimas corrían por sus mejillas mientras el viejo gemía de placer.

Después de varios minutos de garganta profunda brutal, la levantó, le arrancó el vestido rojo y la tiró sobre la cama. Le abrió las piernas y escupió sobre su coño antes de empujar.

Laura soltó un grito desgarrador cuando esa verga enorme empezó a abrirla.

Entraba centímetro a centímetro, estirándola brutalmente. Su vientre se abultaba visiblemente con cada embestida.

—¡Ahhhh! ¡Me estás rompiendo ! ¡Es demasiado grande!, Me  vas a desgarrar el coño!!, —gritaba.

Don Pedro no tuvo piedad. La folló como un animal salvaje, agarrándola de las tetas, pellizcando sus pezones y dándole nalgadas fuertes mientras la penetraba cada vez más profundo. La cambió de posición varias veces: de cuatro (su culo respingón rebotando contra él), de lado, y finalmente misionero con las piernas de Laura sobre sus hombros. Se corrió dentro de su coño dos veces, llenándola de semen espesoPero no había terminado.

Le dio la vuelta, le escupió en el ano y empezó a sodomizarla. Laura dió un gritó desgarrador, cuando esa monstruosidad le abrió el culo virgen.

Aaaagghhh, dueleeeee, sacalaaaa, es muy grande, por favor me estar partiendo en dos  aaaagghhh.

El viejo la folló anal sin compasión, metiendo cada vez más, hasta que casi la mitad de su polla entraba y salía de su recto.

—Este culito respingón que me provocabas todos los días… ahora es mío —gruñía mientras la embestía.

Las siguientes tres horas fueron brutales. Don Pedro la destrozó literalmente. Le folló el coño y el culo alternadamente, la hizo correrse a pesar del dolor, la obligó a chuparle la polla después de sacarla de su propio ano, y la humilló todo el tiempo llamándola “puta de mierda ”, “esposa infiel” y “vecina zorra”.

Cuando Laura regresó a casa esa madrugada, apenas podía caminar. Entró al departamento tambaleándose, con el vestido arrugado, el pelo revuelto, maquillaje corrido y semen seco en los muslos y en el pelo. Tenía chupones morados en las tetas y marcas rojas de nalgadas en el culo.

Se dejó caer en el sofá y gimió de dolor.

—Camilo… no me vas a creer quien era el cliente de esta noche, me dijo Laura con lágrimas en los ojos.

Quien era cariño, dije un poco  asustado en el estado en el que había  llegado.

Era el viejo asqueroso de don Pedro el vecino de aquí al lado!!… el maldito. Me folló como un animal… me destrozó el coño y el culo con su polla enorme. Me duele muchísimo… pero…

Se quedó callada unos segundos, sollozando y sonrojada a la vez.

Me empezó a gustar. A pesar de todo,  las humillaciones y las bestiales folladas … me corrí varias veces como nunca lo había echo,  gocé como una loca.

Perdóname  amor, pero con él experimenté los mejores órgamos de toda mi vida.

Me miró con vergüenza y excitación en los ojos.

—¿Quieres ver cómo me dejó?

Y levantó  su vestido  mostrando  un coño más hinchado y enrojecido que de lo costumbre después se giró  y me mostró  su culo aún dilatado  y enrojecido.

Continuación

Esa misma madrugada, Laura se duchó apenas llegó, pero aun así caminaba con dificultad. Se puso solo una camiseta mía que le quedaba grande y se sentó en la cama con las piernas ligeramente abiertas. Su coño y su ano seguían rojos e hinchados. Me miró con una mezcla de vergüenza, cansancio y excitación.

—Ven, Camilo… siéntate. Te voy a contar todo con detalle.

Se acomodó y empezó a relatarme lentamente, casi susurrando:

—Cuando abrí la puerta de la habitación 1208 era él… Don Pedro. Me quedé congelada. Me dijo “qué putita más hermosa” y me metió a la fuerza. Me obligó a desnudarlo… y cuando le bajé los pantalones… Dios mío, Camilo. Su polla es una aberración. Larga, gruesa como mi muñeca, llena de venas gordas y con una cabeza enorme. Debe medir casi 40 centímetros. Me asusté de verdad.

Laura tragó saliva y continuó, mientras yo sentía mi verga endureciéndose:

—Me puso de rodillas y me folló la boca. Me agarraba del pelo fuerte y me la metía hasta la garganta. Me ahogaba, babeaba, lloraba… pero él no paraba. Después me tiró en la cama, me abrió las piernas y me penetró el coño sin piedad. Sentí que me partía en dos. Mi vientre se abultaba cada vez que empujaba. Me folló duro, rápido, como un animal. Me dio nalgadas fuertes mientras me llamaba “puta de mierda ”, “esposa infiel” y “zorra angelical”. Me corrí la primera vez casi sin darme cuenta… a pesar del dolor.

Hizo una pausa, sonrojada.

—Luego me puso en cuatro y me metió esa monstruosidad en el culo. Casi me desmayo del dolor. Me estiró tanto que creí que me rompía. Pero siguió follándome el ano sin parar, cada vez más profundo. Me corrió adentro dos veces… primero en el coño y después en el culo. Me obligó a chupársela después de sacarla de mi ano.

Me sentí tan humillada… y tan excitada a la vez.

Laura bajó la mirada y confesó con voz temblorosa:

—Al final… me gustó, Camilo. Me gustó que ese viejo asqueroso y pervertido me usara como una puta barata. Me gustó sentirme sometida, degradada y follada tan brutalmente por esa polla enorme. Me corrí como nunca en mi vida.

Me quedé en silencio unos segundos, con el corazón latiendo fuerte y la verga palpitando.

—¿Lo volverías a repetir? —le pregunté mirándola fijamente.

Laura levantó la vista y me miró directo a los ojos, sin parpadear.

—Sí. Lo volvería a hacer.

Los siguientes días Laura siguió recibiendo citas normales de la agencia. Hombres adinerados, algunos atractivos, otros mayores. Los follaba en hoteles de lujo, departamentos y hasta en autos. Ganaba buen dinero, pero ella misma me confesaba al regresar:

—Ninguno tiene lo que tiene Don Pedro… Ninguno me abre tanto como él, ninguno me hace sentir tan llena y tan rota.

Hasta que, cuatro días después, llegó otra llamada de la agencia. Mismo hotel, misma habitación 1208. Cliente VIP que pagaba 5500 dólares por la noche. Laura supo inmediatamente quién era.

Se arregló aún más provocativa esta vez: un vestido negro transparente en la parte de arriba, sin tanga, liguero negro y tacones rojos. Antes de salir me besó profundamente.

—Hoy me va a follar otra vez el viejo… ¿Estás seguro de que quieres que vaya?

—Sí —respondí excitado.

Don Pedro la estaba esperando. En cuanto Laura entró, el viejo sonrió con lujuria.

—Sabía que volverías, putita. Ese culito ya sabe lo que le conviene.

Esta segunda vez fue aún más salvaje. El viejo la folló durante casi cuatro horas sin descanso.

Ayyy dios ,que pollón tiene Don Pedro , me abre toda , me encantaaa, siga , folleme don  pedro folleme, duro,  aghhhhhh, me corrooooo,  por dios  que corrooooo,aaaagghhh, siiiiiii.

La hizo gritar, llorar de placer y dolor, la penetró en el coño y en el ano alternadamente, la obligó a cabalgarlo mientras le pellizcaba los pezones, la puso contra el ventanal del hotel y la folló mientras veía la ciudad ,que culo tan apretado tienes zorra pero no te preocupes  te lo voy a dejar bien  abierto escuchaste puta de mierda  le gritaba el viejo.

Siiiiiii,  Rómpeme el culo hijo de puta ,como bien  lo sabes hacer, con ese rico pollón!!!.

y terminó corriéndose por tercera vez dentro de su culo.

Después  estuvieron follando  por más de media hora en el jacuzzi,  ella cabalgarlo esa polla ensartada el culo ya enloquecía por el placer,  y ofreciendole las tetas  duras  al viejo besándose apasionadamente con Don Pedro.

Cuando Laura regresó a casa al amanecer, traía las marcas frescas: chupones morados en las tetas, nalgadas rojas en el culo y semen seco en los muslos. Se veía destruida… pero muy satisfecha con una sonrisa dibujada en su carita angelical.

Se acercó a mí y me susurró al oído:

—Esta vez me corrí más fuerte que la anterior… Me encanta que ese viejo me destroce el cuerpo.

Capítulo Final

Esa tarde llegué más temprano del trabajo, ansioso por ver a Laura y que me contara cómo le había ido en sus citas del día. Abrí la puerta del departamento y me encontré con silencio. Sobre la isla de la cocina había una nota escrita con su letra elegante y una llave dorada:

«Amor, estoy donde el vecino. Aquí tienes la llave para que entres y mires en primera fila cómo me hace su mujer. Te espero. Laura.»

El corazón me latió con fuerza. Tomé la llave sin pensarlo dos veces y salí al pasillo. Abrí la puerta del departamento de Don Pedro con cuidado y entré.

Lo primero que escuché fueron los gritos y gemidos salvajes de mi esposa:

—¡¡Ahhh!! ¡¡Más fuerte, Don Pedro!! ¡¡Rompa mi culo!! ¡¡Sííí!!

Folleme don , folleme maldito hijo de puta,  no pare,  folleme.

Caminé hacia la habitación principal y abrí la puerta lentamente. La escena que vi me dejó paralizado.

Laura estaba en cuatro sobre la cama, completamente desnuda, con el culo en alto y el rostro hundido en las sábanas. Don Pedro, el viejo de 60 años, estaba detrás de ella, sudado y con una expresión de puro dominio.

Su polla monstruosa — era como decía Laura  era una verga de casi 40 centímetros, gruesa y venosa— entraba y salía brutalmente del ano de mi esposa. Cada embestida hacía que las nalgas redondas y blancas de Laura rebotaran con fuerza haciendo sonidos obscenos al chocar carne con carne, y las nalgadas que le daba el viejo en el culito respingón de mi esposa dejaban marcas rojas de sus manos.

El viejo me miró, sonrió con arrogancia y, sin dejar de follarla, me hizó una seña con la cabeza para que me sentara en el sillón de la esquina.

—Mirá, cornudito —gruñó—. Tu mujercita ya es mía.

Desnúdate y siéntate. Quiero que veas todo.

Obedecí. Me quité toda la ropa, me senté desnudo en el sillón y empecé a masturbarme lentamente mientras observaba.

Don Pedro folló el culo de Laura sin piedad durante mucho rato.

La cambiaba de posición constantemente: la puso de lado, la levantó en el aire sujetándola por las nalgas y la bajó sobre su verga enorme, la hizó cabalgarlo mientras él le chupaba y mordía las tetas. Laura gemía como una perra en celo, completamente entregada a ese hombre.

—Dile a tu marido lo que eres ahora —ordenó el viejo mientras ella lo cabalgaba salvajemente, sus tetas rebotando.

—Soy… tuya ...¡Ahhhh!… soy tu puta, Don Pedro… Soy la zorra del vecino… Mi cornudo marido solo mira como su joven  esposa  se convierte  en la hembra del vecino,  ahhhhhhh soy tuyaaa … —gemía Laura mirándome con los ojos vidriosos de placer.

Estuvimos allí más de seis horas. El viejo se corrió 4 veces: dos en su coño, otra en su ano y la última en su boca.

Laura se corrió incontables veces, temblando, gritando y squirtando sobre las sábanas del viejo.

Al final, cuando Don Pedro sacó su polla aún semierecta y brillante de los fluidos, me miró.

—Ven aquí, cornudo maricón!!. Es hora de que limpies este desastre.

Me arrodillé frente a él. Primero me obligó a chuparle su verga, que todavía tenía restos del culo y coño de mi esposa. Sabía fuerte y salado, no me importo se la mamé como un puto maricón sumiso.

Luego me empujó hacia Laura, que estaba tirada en la cama con las piernas abiertas y semen escurriendo de ambos agujeros.

—Chúpale el coño y el culo a mi puta. Trágate todo lo que te dejé.

Metí mi lengua primero en su coño hinchado, sorbiendo el semen espeso del viejo. Luego subí a su ano, que estaba muy abierto, rojo y todavía palpitando. Lamí todo, tragando mientras Laura gemía suavemente y me acariciaba el pelo de forma maternal.

—Buen chico… —susurró ella.

Ahora  vete Maricón!!, me dijo el viejo  mientras él se acostaba en la cama  y Laura  se acomodaba al lado  de él abrazándolo y acariciándole la polla flácida.

Si cariño vete, esta noche  no trabajo, pero me voy  a quedar a dormir con Pedro esta noche, así que  no me esperes despierto, dijo Laura.

me vine al departamento y luego  volví a escuchar los gritos y gemidos de Laura atraves de la pared .

Desde ese día todo cambió para siempre.

Laura siguió trabajando como escort de lujo. Atendía a sus clientes ricos, ganaba mucho dinero pagamos en totalidad las cuotas atrasadas incluso ya teníamos el dinero suficiente para comprarlo.

Ella  después de cada servicio  ya no regresaba directamente a casa. Al terminar cada cita me enviaba un mensaje:

«Ya terminé, amor, Pero me voy a descansar donde Pedro.»

Y ahí iba. Muchas veces “descansar” significaba que el viejo la follaba otra vez, a veces durante toda la madrugada.

Yo me quedaba solo en nuestro departamento, masturbándome escuchando los gemidos y gritos de mi esposa a través de la pared.

Al punto  que el viejo  fue  muy considerable conmigo que puso camaras en su apartamento para que yo lo viera  como se follaba a mi esposa.

Eso se volvió costumbre, solo nos veíamos por las mañanas. Laura llegaba caminando con dificultad con apenas un tanga puesto o a veces sin la prenda puesta, no le importaba nada si la veían casi desnuda por el pasillo, llegaba con chupones frescos en las tetas, el culo y el coño adoloridos e hinchados, el pelo revuelto y a veces pegajoso por  la lefa  del viejo y con un fuerte olor a sexo.

Me besaba en la frente luego se iba a bañar,después me contaba algunos detalles y se dormía abrazada a mí diciéndome que me amaba, por  ser un buen hombre, pero ya no podía tocarla mucho menos follar con ella ya que su cuerpo  le pertenecía a don pedro ya que él  era su hombre de verdad … hasta la siguiente noche.

Yo ya no era realmente su marido. Era su cornudo consentidor,  un compañero de piso. Y extrañamente… me gustaba. Me excitaba saber que mi hermosa esposa de rostro angelical la ex modelo se había convertido en la puta esclava personal de ese viejo pervertido del departamento de al lado.

Fin.

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