El de mantenimiento Parte 1 Lanfasone1
EL DE MANTENIMIENTO Parte1
No sé si fue buena idea mudarnos a la urbanización. Supongo que podía permitírmelo, era uno de esos momentos de euforia que a veces se dan en la vida. Estaba ganando mucho dinero, era agente de bolsa y por primera vez todo estaba funcionando al nivel que siempre había soñado.
Hacía un año me había casado con Nuria.
Ella venía de trabajar como azafata para una compañía de aviación en Londres.
Trabajo que dejó para casarse conmigo.
Creo que ya estar con Nuria había sido un anticipo de que estaba conquistando el mundo, de que mis sueños se hacían realidad.
Nos conocimos en pleno vuelo, yo tenía 29 años, clase ejecutiva, ella un año mayor que yo.
Era bellísima, su sonrisa tenía dientes blanquísimos y fuertes.
Piel trigueña, alta, 1,75, tan estilizada, tan flexible, como se inclinaba entre los asientos, esa ropa entallada. Esos brazos largos, toda ella era etérea y ágil y a la vez era tamaño jumbo, muy grande.
Su larga melena castaña que llevaba recogida, sus ojos marrones, sus largas piernas caminando por los pasillos del avión como si flotara.
Su culo en pompa, su largo y grácil cuello.
Y tenía una carita perfecta además, aniñada, la naricita y la boca pequeñas, los grandes ojos marrones con hermosos párpados, los pómulos prominentes.
Y luego, después de tomarnos una copa, después de que aceptara mi invitación, después de decirme que solo se quedaba en Londres una noche, después de besarnos por primera vez, después de sentir que su cintura era tan pequeña que casi podía abarcarla con una mano, después de cerrar la puerta de mi habitación en el hotel, después de ver como sus dedos delicados desprendían uno a uno los botones de su camisa, mientras sonreía con esos dientes blanquísimos, después de que la camisa se abriera y ella desprendiera su sujetador blanco, de encaje.
Después de todo eso pude comprobar que sus pechos eran de otro planeta, de que finalmente, yo el humilde hijo de un comerciante de Alcorcón estaba jugando en otra liga y que esa liga era la mía ahora y luego cuando ahogué mi cara entre el perfume de esas tetazas llenas, opulentas, perfumadas de almizcle, con una finísima capa de sudor que las volvía un poco brillosas y que esa piel era tan firme y sin embargo estaba a punto de explotar por toda la presión de esa juventud y toda esa carne firme y venas y salud y dinero que venían de muy dentro de ella, de su interior, de su cuerpazo de niña pija que jugaba a la azafata porque podía permitírselo, porque era otro de los caprichos que su papá con dinero podía pagarle.
Y luego tenerla montada sobre mí, esa enorme Barbie de los aviones, y ella echando su cabeza hacía atrás y cerrando el cortinado de sus grandes párpados sobre sus ojazos.
Su frente despejada, amplia, rebosante de inteligencia, era una chica con clase y su cabello castaño oscuro, cayendo como una cascada sobre su espalda.
Y su columna vertebral que volvía a ser flexible y se doblaba como un junco y que ella respondía a cada uno de mis embates.
Y en resumen que era una tía delgada, cincelada finamente a pesar de su gran tamaño pero tenía unas tetazas descomunales y sus glúteos también eran demasiado grandes para ese talle flexible y esbelto.
Y luego dormir juntos y luego volver a follar al despertar, antes de que yo fuera a mis reuniones en la city de Londres, con una oreja de oreja y sintiera que la vida se me abría, y se abrían también todas las puertas a mi paso.
Y luego quedar para la semana próxima que ella estaría en Madrid y todo resultaba tan rodado, me deslizaba como bajando suavemente una pendiente con la nieve bajo mis esquíes, si yo hubiese esquiado alguna vez, que no era el caso.
Y luego, menos de un año después del primer encuentro. le propuse casamiento y ella aceptó.
Y luego la tienda de ropa con su amiga, montada con el dinero de su padre.
Y luego, la oportunidad de este chalet, que era otro de mis sueños, esas urbanizaciones de chalets adosados a los que siempre miraba desde una carretera lejana, pensando ¿quién será quien viva ahí, quien camine por esas calles privadas, esas vidas privadas y perfectas, donde todo se mueve de una manera aceitada y silenciosa y limpia?
¿Necesitaba realmente una casa de cinco habitaciones y 4 baños y 500 metros cuadrados? ¿Con jardín y piscina privada, además de la comunitaria y con servicio de vigilancia las 24 horas?
No, pero podía pagarlo y quería impresionar a los padres de Nuria y también a ella, aunque no lo necesitara, pues éramos felices en el piso donde vivíamos.
Así que me embarqué en una nueva hipoteca y ella era feliz y resplandecían sus ojos marrones y su piel trigueña y ahora acababa de cumplir 32 años y estaba más bella que nunca y todo su cuerpo parecía estar dispuesta para follar, siempre y mi sueño ahora era tener un hijo con ella y sentir su cuerpo profanado por mi deseo.
Y esa primera semana fue como un cuento de hadas, ella era mi princesa y yo el rey y la casa era el castillo y si hubiera comentado estas idioteces a Nuria se me hubiese reído en la cara con sus blancos y parejos dientes.
Y la primera vez que follamos allí, entre el suave rumor de los árboles del jardín, entre la naturaleza cuidada y civilizada de los jardines sentí que tal vez alguien pasaba por la carretera y se preguntaba ¿Quién vivirá allí?
Yo vivía allí, yo estaba follando a esta mujer increíble, yo me aferraba a su pequeña cintura y sentía esas nalgas poderosas golpear y rebotar contra mi pelvis y yo cogía su melena castaña y tiraba de ella y se arqueaba para mí y explotaba en un orgasmo sentido y luego mamaba mi polla con delectación y tragaba mi corrida con deleite, con gusto satisfecho de niña pija y guapa que vive su sexualidad sin complejos ni pudores.
Y toda esa ensoñación acabó con la siguiente frase que salió de su boca una mañana.
_Cari, creo que se ha roto un caño de agua, en la habitación de los niños_
Los niños que no habían llegado todavía, habitación que no tenía mobiliario todavía.
Me quedé mirando su carita perfecta, ese óvalo dibujado a mano, ese rostro fino, distinguido, afilado, la pequeña nariz, la boca de labios carnosos, los pómulos pronunciados, el arco delicado de sus cejas.
_ ¿De verdad? Que putada_ dije, fui hasta allí con ella a la primera planta, era uno de los muros pegados al baño, la mancha de humedad era evidente.
_ ¿Llamarás a la administración?_ dijo ella, llevaba su ropa de gimnasio, en realidad iba a la tienda de ropa cuando se le antojaba, no tenía obligaciones ni horarios fijos.
Sus leggins se pegaban a su cuerpo como una segunda piel, marcando sus piernas y su culazo.
_ Sí, claro ¿O llamo a alguien por la mía?_ dije
_No, debes llamar a la administración y ellos enviaran a un operario_ dijo, mordiéndose una uña de su fino dedo índice.
_ Bien, ya llamo ¿tú le esperas?_ dije
_Voy al gimnasio, tú me avisas si debo regresar ¿vale?_
_Vale, te amo_ dije y salí presuroso, llamé mientras conducía.
_Si, David, le enviaremos a alguien, ya le confirmo_ me dijo una voz de mujer, una mujer madura, cortés, educada, de esas tías que se pasan toda la vida trabajando para una administración de esas, tapadas de archivos y viejos papeles.
_En una hora estará alguien allí, su nombre es Fermín_ dijo
Llamé a Nuria, estaría en el gimnasio, su cuerpo exuberante entre las máquinas y los hierros y las pesas, el gimnasio estaba dentro de la urbanización.
Luego de dejar el trabajo de azafata había engordado dos o tres kilos que habían ido directo a su culo y a sus tetas y un poco a sus muslos.
Eso había generado que ella misma se encontrara gorda “Mira los muslos que tengo” decía, a mí me parecía que esos kilos de más le sentaban de muerte, pero ella se había vuelto una adicta al ejercicio y al gimnasio.
Y luego llegué a mi curro y por una hora el trabajo me absorbió y luego miré el móvil y no pude resistir a la tentación de usar el nuevo juguete como lo venía haciendo toda esa semana.
Los antiguos dueños de la casa tenían un sistema de alarma muy especial, tenían cámaras en todos los cuartos de la casa y se podía acceder a ellas desde un dispositivo móvil.
Tenían hijos pequeños a quienes dejaban a cargo de una persona y querían poder controlar que pasaba a cada momento desde donde estuvieran.
Por supuesto que mantener ese servicio era una pasta extra pero quería poder mirar mi nueva casa desde mi trabajo y lo hacía al menos dos veces por día.
Me gustaba sobre todo cuando Nuria estaba en casa y poder seguir las evoluciones de su paso por los distintos cuartos, cuando iba a la cocina o tendía la cama o hacía algo de ejercicio en casa o simplemente escuchaba música y bailaba un poco.
Y entonces accedí y enfoqué la sala y no había nadie allí y luego fui al cuarto de los niños, donde estaba esa mancha de humedad.
Nuria estaba allí y miraba con preocupación la pared, el sol entraba de costado por uno de los ventanales y su culazo se marcaba de un modo estremecedor, su pierna flexionada en un cierto ángulo y luego extendió su brazo y señaló algo en la pared y entonces pulsé el zoom para ver todo el cuarto y alguien estaba detrás de ella y el corazón me dio un vuelco, porque parecía un intruso, acechando, pero como puedo ser tan idiota, pensé en un segundo, es el hombre de mantenimiento, el que ha enviado la administración.
Y el hombre giró brevemente su cara de costado y pude verlo de perfil.
Era un tío de unos cincuenta años, muy grueso y llevaba un gorro de lana o algo así y su nariz era un pimiento pisoteado y no era muy alto, tenía unos zapatones marrones y entonces Nuria se giró hacia él, un poco encorvada, a la altura de la mancha en la pared y tuve un primer plano de sus tetones, con las venas azules marcándose, desbordando el top que usaba para ir al gimnasio.
Y pensé, que ese hombre también tenía ese primer plano de sus tetas y él se acercó a la pared, muy cerca de ella y señaló aquí y allá y luego entró al baño y ella espero afuera y él se asomó y ahora lo tenía de frente, con medio cuerpo dentro del baño, pero otra vez mirándola a ella, de frente.
Y su mirada era dura, torva, con bolsas bajo los ojos y no me gustó nada que estuviera allí con ella.
Pero joder, era el hombre que había mandado la administración.
Podía accionar un dispositivo que me permitiría escuchar lo que hablaban.
Pero eso ya sería fisgonear, espiar a mi esposa.
Pero no estaba tranquilo.
El sonido era muy malo.
_Mañana mismo puedo comenzar, habrá que romper la pared y cambiar el caño _ dijo él, de forma desagradable, casi insolente
_Bien, lo consultaré con mi esposo_ dijo ella
_Mira, es lo que hay que hacer, para eso he venido_ dijo él
_ ¿Como?_
_Que para eso me han enviado, chica, o haces lo que te digo o vas a tener un puto lago en todo el cuarto de abajo_
_Bueno, ya está bien, ¿no? _ dijo ella, como queriendo ponerle un límite, pero él no se dio por enterado
_ Mañana vengo y comienzo a romper, hoy no tengo tiempo_
_ ¿Cómo es su nombre?_ dijo ella mirándolo con desconfianza, sorprendida por el modo brusco en que le hablaba
_Fermín, ya te lo he dicho abajo_
_Hombre, que modos ¿no?_ dijo ella
Este tío la miró de arriba, abajo.
Se la estaba comiendo con los ojos, descarado, tuve un acceso de rabia.
_Perdona, pero me pagan por romper la pared y cambiar el caño este y si no lo hago bien, pues mala suerte para ti ¿Tienes un vaso de agua o algo? Necesito coger unas medidas_
_Ya le alcanzo_ dijo ella, con rabia en sus ojos y se giró y le dio la espalda y al caminar unos pasos le enseñó todo su culazo y él tío clavó los ojos en las nalgas prietas por los leggins y luego se tocó el bulto, sobre el pantalón, fue solo un movimiento, como si se acomodara la polla dentro de los calzoncillos.
Me quedé congelado, debía volver al trabajo, me di cuenta que mi mano temblaba sosteniendo el móvil, ese movimiento obsceno, volvió a mi mente como un rayo, la mano gruesa, maciza, tocándose la polla mientras miraba las nalgas carnosas de mi esposa alejarse rumbo a la puerta.
Debía volver al trabajo, eso era todo, él cogería las medidas o lo que fuere y se iría y yo pediría que enviaran a otra persona y le dejaría claro a la administración que este tío era un borde y un mal educado.
Me concentré en el trabajo durante un par de horas.
Pero algo no andaba bien, en mi, quiero decir.
Algo se había quebrado en mi percepción de las cosas, en ese cuento idílico que estaba viviendo desde hacía meses.
Llegó la hora del almuerzo.
Recordé que podía mirar lo que se había grabado en las cámaras, tenía 12 horas para hacerlo.
Busqué en los archivos, nunca había utilizado esa función, pero finalmente lo logré, lo miré sin sonido mientras mordisqueaba un sándwich.
Nuria, su larga melena ondulada y castaña oscura, como se giraba, como le daba la espalda, como dejaba su culo prieto por los leggins, expuesto a la mirada de ese sujeto y luego la mano gruesa y callosa del tío sobándose la polla, acomodándola dentro de sus calzoncillos.
¿Tenía una erección?
De pronto me di cuenta de algo, quien tenía una erección era yo. Me sentí repentinamente avergonzado, culpable.
El video continuaba de forma normal, ella le traía un vaso de agua, él lo bebía y se marchaba.
_ ¿Ha ido el fontanero?_ le escribí a mi esposa
_Si, hoy temprano, ya se ha marchado, un imbécil de mucho cuidado, ya te contaré_ puso ella
Acabé el almuerzo frugal y a las apuradas y continué trabajando unas horas más.
Y luego me subí al coche como siempre y mientras conducía, volví a pensar en ese tío, en ese sobeteo de polla mientras miraba las nalgas de Nuria y esa sensación de culpa.
Una nueva sensación, sucia, vergonzante, que lo estropeaba todo.
Y tomé la carretera que cogía siempre para regresar a casa, pero no podía dejar de pensar en lo que había visto.
Y busqué un desvió y me salí y cogí por una calle desconocida y apartada.
Y esta vez abrí el portátil sobre mis rodillas, quería verlo mejor.
Otra vez la misma escena, Nuria de espaldas, sus nalgas, sus imponentes glúteos, embutidos a presión dentro de los leggins, la pequeña cintura, desnuda, el ombligo al aire, el top que apenas cubría sus tetazas. Demasiado provocativa para recibir a un extraño ¿no?
¿Qué? ¿Estaba juzgando a mi esposa? No podía ser tan gilipollas.
Y luego la mano de ese hombre sobre su polla, la mirada torva.
Eran solo unos segundos, así que lo puse a correr en cámara lenta.
Sentí como mis ojos se dilataban, como si hubiese esnifado coca, como mi pulso latía con rapidez.
Como la erección crecía dentro de mis calzoncillos.
Detuve el video varias veces. Ponía pausa, buscando congelar la imagen en el momento más morboso.
Y luego me toqué la polla, metí la mano por dentro del pantalón y me toqué, sobre los calzoncillos.
Mirando, el culo compacto y redondo, la expresión de fastidio de mi esposa, agrandé la imagen, la mirada siniestra de ese sujeto, la mano sobre su polla, casi como la tenía yo en ese momento.
Volví a tocarme, mi polla estaba a punto de explotar.
La mirada de ese tío sobre el culazo de Nuria, recordé la forma borde en que le había hablado, ese “Chica” con que la había llamado dos veces, la expresión silbante, entre dientes, como si le costara abrir la boca para hablar, como si las palabras se arrastraran por la hendija de esos dientes sucios.
Y de pronto miré hacia los costados y la calle estaba desierta y pude ver una urbanización parecida a la que yo vivía y nadie había en la calle y miré otra vez la pantalla del portátil y Nuria y su culazo, sus tetazas vistas de perfil, su expresión de niña pija contrariada y detrás de ella, la mirada torva de aquel hombre y su gruesa mano en la polla.
Y me toqué varias veces y cerré los ojos, y enfoqué la mirada en esa imagen del portátil, llena de morbo, mi bella esposa con ese hombre grotesco.
Y exploté, antes de que me diera cuenta de nada, sentí la humedad pringosa en mi mano, el grumo del semen pasando la tela de mis calzoncillos.
Retomé la autovía, la sensación de culpa y suciedad me ahogaba, no podía explicar lo que me había sucedido.
Era como si mi raid de éxitos de los últimos años, Nuria incluida, se hubiese estrellado de repente, como si hubiese conducido a demasiada velocidad y me hubiese dado de cabeza contra un poste.
Y ahora por fin despertaba y tomaba conciencia de las cosas.
¿La casa en que vivía era mi casa? ¿Esa mujer de bandera era mi esposa?
Como si el niño empollón que había sido en mi adolescencia se despertara de repente y descubriese que estaba viviendo en el cuerpo de este hombre exitoso que yo era.
Por dios, que sarta de estupideces, como podía pensar tantas gilipolleces juntas en solo un momento.
Al llegar a la urbanización recordé que yendo por una calle lateral, había algunos comercios, una pequeña tienda de ultramarinos, un mini market, un bar.
Siempre me había preguntado quien iba a ese tipo de lugares, separados de las casas del barrio privado y a la vez tan cerca.
Conduje hasta allí, me aparqué enfrente, había un pequeño parque también, algo descuidado, los tres o cuatro negocios muy juntos, como las casas de unos enanos que vivían como extraños, pero muy cerca nuestro, sin ser vistos.
Entré al bar, fui hasta la barra, era un bareto como los de mi infancia, con el suelo lleno de papeles sucios y huesos de aceitunas.
Hacía años que no estaba en un sitio así, el sonido de una máquina tragaperras, parecía que había entrado en una dimensión del tiempo desconocida, una vuelta al pasado.
Un oscuro pasado que había dejado atrás, pedí una birra.
Y entonces escuché la voz.
_No sabéis la tía que he conocido hoy_
Esa voz silbante, esa lengua rasposa que parecía golpear entre los dientes sucios.
_ ¿En la urba?_ dijo otra voz
_Si, un caño roto, ya sabéis, esos puto caños baratos que les han metido a las casas_
Me giré un poco, estaban detrás de mí, el tío de mantenimiento me daba la espalda, gruesa, pesada y ancha.
Sin el gorro de lana, descubrí que era calvo con un poco de pelo rapado y canoso a los costados.
Los otros dos serían de su misma quinta, cincuentones, con ropa de trabajo, con sus birras y sus expresiones bobaliconas.
_Una fulana rica, enseñándome las tetas, la jodida ¿no puedes cubrirte un poco so jodida?_
_Les gusta calentar, tío, calienta pollas es lo que son_ dijo otro, un poco calvo ya y de nariz grande, larguirucho, con cejas espesas y un bigote ridículo.
_Esta tenía un culazo, además, metido en esas calzas para ejercitarse, limpiar la casa no les pidas, pero mover el culo haciendo gimnasia, todo el puto día, eso si_
_ ¿Te la vas a follar o qué?_ dijo uno bastante corpulento, con barba rala y cana, ojos claros
_Ya quisiera yo meter el besugo ahí, tío, que tetazas se carga la pava y enseñándolas, descarado, te juro que le hubiese escupido allí entre medio de esas perolas_
_Y que luego te haga una cubana, colega, con la polla entre un buen par de melones_ dijo larguirucho
_ Es que, ¿de que van, tío? ¿Le paseas las tetas por la nariz a un tío que no conoces y luego la vas de digna por la vida? Vete a tomar por culo_
_Pues debes follártela, colega, arreglarle la cañería bien arregladita_
_Ya te digo, que me gustaría sorberle ese coñito sudado por la gimnasia a la muy guarra_
_Son calienta pollas, tío, pero no les vayas a decir algo porque te denuncian_ dijo el barbudo
_ ¿No te jodes? Pero esta es rapidilla, se lo he visto en la mirada, tío, si me esfuerzo un poco me la acabo follando_
Casi me atraganto al escuchar esto, pedí otra caña, me sentía de pronto mareado, angustiado.
Salí a los trompicones, me senté en el coche, llamé a Nuria.
_Cari, ¿dónde estás? ¿Vienes con retraso?_ dijo ella
_Si, ya estoy llegando ¿Tú estás bien?_
_Claro, cariño, ¿por qué preguntas eso?_
_No lo sé, de pronto me he sentido preocupado por ti_
_Que bobito eres, claro que estoy bien, no tardes, conduce con cuidado, eh_ dijo ella, su voz, diáfana límpida, me tranquilizo.
Llamé a la administración de la urba, me atendió un contestador, me dio el horario de atención al público.
Alcé la mirada y vi que el de mantenimiento salía del bar.
No podía decirse que fuera gordo, pero era grueso, fornido, más bajo que yo, llevaba esos zapatones marrones de por la mañana.
Sin pensar muy bien en lo que hacía crucé la calle.
_Ey, tu eres Fermín, el de mantenimiento ¿no es verdad?_ le grité
Se giró y entrecerró los ojos, en pose de pelea, era como un pequeño bull dog al que una mosca le ha dado vueltas por la cola.
_ ¿Y tú quién coño eres?_
Llevaba muchas arrugas sobre la frente, la perilla obscena, las orejas muy grandes y tenía brazos musculosos, ahora que su camisa estaba arremangada
_Soy el esposo de la mujer del chalet, la del caño roto_
_ ¿La del caño roto?_ dijo entre dientes y se sonrió torvamente
_La que te he estado enseñando las tetas, como has dicho en el bar, voy a presentar una denuncia contra ti en la administración_
_ ¿Si? ¿Por hablar de una tía en el bar, con unos colegas?_
_No solo eso, porque te has tocado la polla delante de ella, en la casa_
_ ¿Pero qué dices? Subnormal ¿De verdad vives en la urba, tu?_ y se encaró conmigo como para pegarme, estábamos uno junto al otro, yo era más alto y más joven y estaba más en forma que él, pero me di cuenta de lo decidido que estaba a golpearme.
_Tengo cámaras en la casa y te vi, cuando ella se giró y te dio la espalda, te has sobado la polla_
_ ¿Si? ¿No te jodes? Es que tu mujer se ha cansado de pasarme las tetas por la cara y ya tenía la verga hinchada y me dolían los huevos, tío_
_No quiero que vuelvas y te voy a denunciar_
_Eso me lo tendrán que decir de la administración, tú no se quien coño eres_ dijo y me empujó con una mano pesada.
_No me toques_ dije y lo empujé yo también, fue un error.
Me empujó con las dos manos en los hombros y me arrojó al suelo, sentí la tierra en mi culo y me vi despatarrado en el suelo.
_ ¿Quién coño eres tú? ¿De verdad eres el esposo de la zorra esa? Pues dile que se cubra un poco las tetazas que se carga, pues sino voy a acabar follándomela, que bastante necesitada de polla está_
_Te quiero lejos de ella_ dije, desde el suelo
_ ¿Así que te gusta mirar por las camaritas? Vete a la mierda, mamón_ me dijo y avanzó por la calle hasta subirse a un coche cutre y viejo, comparado con el mío.
Me incorporé, bastante humillado y confuso.
¿Estaba un poco borracho yo? Solo había bebido dos cañas, era inexplicable lo que había sucedido.
No lograba reponerme de todas las impresiones vividas todavía, ni aun cuando entré en mi casa, mi castillo, donde había sido el rey hasta hace unas horas atrás, de pronto parecía que todo se había desvanecido a mi alrededor.
_Cari ¿estás bien? Traes una cara_ dijo mi esposa y me abrazó, sentí otra vez su talle flexible y potente entre mis brazos, todo volvió a parecerme real de nuevo, como si despertara de una pesadilla.
_Si, solo que mucho trabajo ¿Qué tal el tío ese, el de mantenimiento?_
Ella me miró divertida, fresca, jovial.
_ ¿De verdad te preocupa ese tío? un idiota_
_ ¿Si?_
_Me hablaba de una forma tan borde, casi le mando a la mierda_
_ ¿Te ha faltado el respeto? Llamaré a la administración para que envíen a otro_ dije lastimosamente
_No, que va, déjale, así acaba el trabajo de una vez, lo único es que….._
_ ¿Qué cosa?_
_Era un viejo tan patético_
_ ¿De verdad?_
_Ya te digo que me hablaba un poco borde, me decía chica de aquí y chica de allá y me daba risa la verdad, lo idiota que era_
_Hablaré para que envíen a otro_
_No, déjale, que acabe cuanto antes, si llamas a otro, será lo mismo, me da igual como sea este viejo estúpido_
_ ¿Hizo algo más? ¿Algo indebido?_ dije
_No, le hubiera parado los pies, solo que….._ Nuria se sonrió y bajó la cabeza
_ ¿Qué….?_
_No dejaba de mirarme las tetas, el cabrón_

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